Cuentos cortos El timbrar del teléfono

Cuentos cortos El timbrar del teléfono

Maribel era una muchacha que tenía más de un año de haber salido de la universidad. Desafortunadamente, en ese tiempo la chica no había encontrado un trabajo estable, es decir, sólo había laborado en puestos de “medio tiempo”.

Un día mientras estaba leyendo el diario matutino, miró un anuncio que le llamó la atención:

– $14,000 de sueldo mensual, sólo por contestar llamadas de 8:00 de la mañana a 2:00 de la tarde. No se requiere experiencia laboral.

Aún y cuando Maribel se entusiasmó por la buena paga que ofrecían en la publicación, quiso investigar por su cuenta para ver si no se trataba de una de esas empresas fraudulentas en las que sólo engañan a las personas.

Se puso en contacto con el director de personal, quien le dijo que en efecto era una empresa de “Call Center Internacional” y que por eso el sueldo era tan alto.

La muchacha ya más tranquila, acudió a la hora y fecha señaladas para su entrevista de trabajo. Se le asignó el cubículo seis el cual estaba completamente aislado del resto de los empleados.

Al principio, sintió un poco de miedo pues su única compañera era una planta de sombra que estaba al final del corredor. No obstante, al paso de las semanas Maribel se comenzó a sentir como “pez en el agua”.

Pronto se convirtió en la empleada del mes y en una de las consentidas por sus compañeros. Hasta que un jueves recibió una extraña llamada. Del otro lado de la bocina sólo se escuchaba una agitada respiración acompañada de una tenue voz rasposa que le decía:

– Sal de esa oficina antes de que el reloj marque la 1:00 de la tarde

Ese mismo mensaje se repitió cada 20 minutos, hasta que el reloj marcó la hora señalada. En eso momento Maribel sintió que alguien se paró detrás de su silla y la tomó por sorpresa del cuello degollándola al instante.

Por la noche el cuerpo de ella fue hallado aún en su silla. En una de las notas autoadheribles del escritorio se podía leer una frase escrita con la propia sangre de la víctima “Te lo dije”.

Mitos griegos cortos Los malditos


La inmensa mayoría de los mitos griegos cortos se dedican a explicar los poderes y características de las deidades que vivían en el Olimpo. Sin embargo, como en toda cultura grande existe un lado oscuro que hoy vamos a tratar de desvelar.

De acuerdo con ciertas crónicas antiguas se deduce que algunos griegos conocían perfectamente la magia negra. Es decir, eran capaces de preparar pociones o hacer conjuros para que a sus enemigos les fuera mal en su vida.

Las desgracias que experimentaban los “malditos” podrían no ser solamente la ruina económica, sino que también dichos encantamientos eran capaces de acabar con su salud.

Se dice que los hechiceros grababan la sentencia en una tira delgadísima de plomo. Después esta era enviada con un forjador, quien se encargaba de doblarla de tal manera que ésta envolviera una tablilla de piedra.

Después la persona que había decidido lanzar el conjuro tenía que ir al cementerio y dejar dentro de una de las criptas la tablilla. En algunas ocasiones, los nigromantes aconsejaban que este implemento fuera embebido en sangre de un animal (por ejemplo, la de un antílope) con el fin de incitar a los espíritus malignos a cumplir esa demanda.

Había ocasiones en las que el hechizo no funcionaba y por ende se tenía que volver a repetir el proceso por completo. Sin embargo, si todo el proceso se desarrollaba tal y de la manera en la que debía, durante las noches de luna llena, los espíritus eran atraídos a las tablillas.

El primero que tomaba una de ellas, desenrollaba la tira de plomo, leía lo que tenía que hacer y desde ese momento comenzaba a actuar la maldición sobre el o los involucrados. Hubo familias completas que quedaron en la ruina, debido a este tipo de encantamientos.

Finalmente cabe decir que no se conocía un antídoto o hechizo para revertir los efectos de esta clase de conjuros.

Leyendas cortas de provincia La casa de mis amigos

Mientras estuve estudiando la universidad, conocí a una pareja quienes pronto se hicieron amigos míos. Fuimos un trío prácticamente inseparable hasta que ellos se casaron y por cuestiones de trabajo tuvieron que irse a provincia.

Durante meses estuvieron insistiendo que fuera a conocer su nueva casa. No obstante, yo siempre me negaba argumentando que no me gustaban los caminos de terracería. Así pasó hasta que una mañana uno de los hermanos de mi amiga pasó a buscarme a mi casa:

Leyendas cortas de provincia La casa de mis amigos

– Hola me llamo Fausto, soy el hermano de Miranda. Me envió para llevarte a su fiesta de cumpleaños.

– Pero no puedo ir. Este fin de semana estoy muy ocupado.

– Me dijo que dirías eso. Así que porque no le llamamos y le explicas a ella los motivos por los que supuestamente no puedes ir a su fiesta.

Charle con ella por unos cuantos minutos hasta que me di cuenta que sería imposible zafarme del compromiso. Subí al auto y en pocas horas llegamos a su domicilio.

En aquel lugar las construcciones escaseaban. Es más, había una casa cada 500 m de distancia.

Llegamos y me llevé una gran sorpresa pues vi a varios de mis ex compañeros de escuela. Se hizo de tarde y entonces Miranda le pidió a Galia, otra de sus amigas, que contara una de las tantísimas leyendas cortas de provincia que esta conocía.

Empezó la historia y los vidrios de las ventanas comenzaron a romperse uno por uno. Yo presa del pavor, me le acerqué a Miranda y le pregunté qué si eso era normal, a lo que ella me respondió que sí, que durante la tarde el viento soplaba muy fuerte.

Sin embargo, la dueña de la casa y su marido saltaron de sus asientos cuando la puerta de la recámara principal se cerró.

– ¡Ay, porque brincan! Me asustaron. Dijo Galia.

– Es que la puerta de nuestro cuarto se cerró con llave.

– ¿Y eso qué?

– Que no hay nadie más en la casa que los que estamos aquí…

Leyendas cortas del Perú La cava abandonada

Leyendas cortas del Perú La cava abandonada

Serafín fue un inmigrante sudamericano que llegó a tierras aztecas al final de la década de los setenta. Tenía poco dinero por lo que se dedicó a buscar un trabajo estable hasta que pudo colocarse en una pequeña compañía.

Con el tiempo el hombre amasó una pequeña fortuna, gracias a que casi todo su dinero lo guardaba en el colchón y únicamente gastaba lo indispensable.

Al cabo de unos años decidió independizarse y abrir un local en donde se pudieran realizar tertulias amenas.

Buscando con sus colegas, pronto encontró un local que estaba en renta.

– El precio es perfecto. Además ya lo rentan con todo lo necesario para empezar. De lunes a jueves se venderá cerveza al 2 × 1 de 5:00 de la tarde a 7:00 de la noche, espacio en el que aprovecharé para relatarles a los asistentes varias leyendas cortas del Perú.

Serafín se encargó de pintar todas las paredes del establecimiento, remozar la barra y por supuesto de contratar el nuevo personal.

Antes de que sucediera la inauguración, uno de sus empleados le informó que detrás de la cocina había una puerta atascada que nadie había visto, pues estaba tapada por un viejo refrigerador.

Serafín con algo de miedo, la abrió utilizando una palanca y al entrar no cabía en su asombro, pues vio que aquella entrada desembocaba en una cava profunda.

Movió el interruptor y la luz se encendió. El lugar estaba lleno de barriles. Todos estaban vacíos con excepción de uno. Abrió el grifo de ese y del interior del recipiente salió un delicioso vino.

Como la barrica era lo suficientemente grande, el suministro de alcohol duró varias semanas hasta que se agotó por completo. Varios empleados e incluso él abrieron la llave hasta el tope, pues sentían que aún había algo dentro del recipiente, pero seguía sin salir ni una sola gota.

Fue entonces cuando Serafín decidió quitarle la tapa al barril y observo aterrorizado como adentro había un cuerpo putrefacto.